domingo, 22 de febrero de 2015



En el Capítulo VI, al inicio, el narrador nos dice “Pidió las llaves a la sobrina del aposento donde estaban los libros autores del daño”. El señor licenciado decide ir uno por uno para salvar algunos del fuego y la sobrina (inculta probablemente) prefiere quemarlos todos. La sobrina no solo teme los libros de caballería; tiene miedo de las novelas pastoriles (habiendo sanado mi tío de la enfermedad caballeresca, leyendo éstos se le antojase de hacerse pastor y andarse por bosques y prados cantando y tañendo…) ¡Os imagináis a don quijote conduciendo un rebaño de ovejas por la mancha!… Pero, además, dice la sobrina: “…lo que sería peor, hacerse poeta, que según dicen es enfermedad incurable y pegadiza”.
¡Miedo a los libros! El otro día, paseando por París, decidí comprar el Charlie Hebdo, la edición publicada tras los asesinatos de los periodistas. Nos extrañó que ninguno de los quioscos por los que pasábamos lo tuviera. ¡Se habrá agotado! pensamos. Me dirigí al vendedor y le pregunté si lo tenía y exclamó ¡Oh, Charlie, Charlie! y sacó un ejemplar escondido bajo el mostrador. 

¿Tanto miedo y tanto daño puede provocar lo escrito?

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