En el Capítulo VI, al inicio, el narrador nos dice “Pidió
las llaves a la sobrina del aposento donde estaban los
libros autores del daño”. El señor licenciado decide ir uno por uno para
salvar algunos del fuego y la sobrina (inculta probablemente) prefiere
quemarlos todos. La sobrina no solo teme los libros de caballería; tiene miedo
de las novelas pastoriles (habiendo
sanado mi tío de la enfermedad caballeresca, leyendo éstos se le antojase de
hacerse pastor y andarse por bosques y prados cantando y tañendo…) ¡Os
imagináis a don quijote conduciendo un rebaño de ovejas por la mancha!… Pero,
además, dice la sobrina: “…lo que sería peor, hacerse poeta, que según dicen es
enfermedad incurable y pegadiza”.
¡Miedo a los libros! El otro día, paseando por París, decidí
comprar el Charlie Hebdo, la edición publicada tras los asesinatos de los
periodistas. Nos extrañó que ninguno de los quioscos por los que pasábamos lo
tuviera. ¡Se habrá agotado! pensamos. Me dirigí al vendedor y le pregunté si lo
tenía y exclamó ¡Oh, Charlie, Charlie! y sacó un ejemplar escondido bajo el
mostrador.
¿Tanto miedo y tanto daño puede provocar lo escrito?
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